domingo, 8 de septiembre de 2013

Lágrimas que curan

Hoy he encontrado un tesorito que me ha erizado la piel. Unborn (no nacido) es un corto de Oliver Tellechea, que bajo mi punto de vista expresa a la perfección, a través del baile, el sentimiento de dolor por la perdida de un hijo no nacido.


Que complicado es para muchas vivir duelos en la más absoluta intimidad, que difícil gritar sin que nadie llegue a escucharte pidiendo ayuda.



sábado, 7 de septiembre de 2013

Y llegó la revolución



Lo peor de este viaje quizás sea la incomprensión del mundo que me rodea. La gente no entiende que se pueda querer algo que nunca has visto. No entiende que desde el momento que sientes (¡porque sí, se siente!) que estás embarazada cada célula de tu ser adquiere otra configuración y ya te conviertes en madre. 
Llevo siendo madre un año aunque no tenga un bebe al que abrazar. Me he dormido cada noche de embarazada con mis manos de madre abrazando mi barriga, les he escrito cosas que nunca leerán,  me he imaginado sus habitaciones mil veces y como seria su llanto. Se que soy madre porque con cada uno de ellos he dejado de pensar en mi y habría dado mi vida por ellos. Es algo que sé yo, pero no la gente que me rodea. 
Tristemente me siento muy lejos de personas que antes consideraba amigos. Ahora me siento cómoda solo si el que me escucha, me entiende y para entender algo así tienes que haber vivido algo similar. Nadie entiende lo que se puede llegar a querer a un animal de compañía si nunca has vivido con ninguno y por mucho que te cuenten lo esencial que se puede llegar a convertir un perro en tu vida es incomprensible para un no amante de los animales. Es imposible entender el dolor de un aborto si ni siquiera tienes instinto maternal o has conseguido tener un hijo con facilidad. 

No soy de las que airean su pena, ni a las que les gusta la compasión del prójimo.  Me considero alegre y divertida, o más bien esa era la otra yo antes de ser capitana de un barco que busca tesoros. La que escribe está en revolución,  y quien tenga interés de quedarse tendrá que aprender a conocerme de nuevo, quizás ya no le guste lo que vea y tiene puertas abiertas para dar media vuelta, pero quien permanezca que sepa que estoy inmersa en la búsqueda más importante de mi vida, que habrá días que esté perdida en la tormenta y otros en los que disfrute al sol de la buena compañía de un amigo. Quien decida quedarse que sepa que tengo que soltar lastre en muchas situaciones para conservar la cordura, que no me importa realmente nada más en la vida que mi pareja y yo sobrevivamos a este viaje. Pero estoy preparada, siento el viento en mi cara y el corazón me late con fuerza, pienso viajar hacia lo desconocido porque la simple idea de que algún día encuentre lo que busco hace que todo merezca la pena. 
Soy fuerte y esto nos hará gigantes.

Primer paso, llamar a las cosas por su nombre.

La primera vez que leí en los papeles de la clínica de reproducción abortadora de repetición, me pareció que se habían equivocado. Aun hoy, después de un año en los que he pasado por 5 perdidas parece que esto no va conmigo. Todavía me levanto algunas mañanas en las que me cuesta más deshacerme del estado inconsciente del sueño en las que creo que no estoy en este barco y que tengo un billete equivocado de pasaje. Nada más lejos de la realidad, soy abortadora de repetición  para la clínica y buscadora de tesoros para mi y mi pareja.
He decidido escribir por dos razones, una porque toda buena capitana de barco precisa de un diario de abordo, necesito ordenar ideas y sentimientos para no volverme loca y la otra porque desde que comenzamos este viaje he leído a muchas de vosotras, con historias tan parecidas a la mía, con las mismas cajas llenas de lagrimas expresadas de manera tan similar, que me parece de recibo. Cuando comencé a informarme sobre los abortos recurrentes pensé que era algo que sólo me había tocado a mi, (¡o desgraciadita niña!) y que la tormenta sólo afectaba a mi mundo... y no me consuela que seamos muchos con este problema, pero si me da fuerzas ver manejar barcos con tanta soltura entre tempestades peores a la mía.
El tercer aborto fue el peor. Los dos primeros fueron abortos espontáneos  en la semana 5 y 6, mala suerte me repetían.  Con el tercero un médico privado me puso el tratamiento pertinente con Adiro y progesterona que tantas de nosotras conocemos. Los perdí en la semana 9. Eran gemelos monocoriales y monoamnioticos que según los médicos tenían desde el primer momento mal pronostico. Un embarazo de 50000, ¿otra vez mala suerte? ¿casualidad?. Me enteré que se les había parado el corazón el día antes de que se casara mi único hermano, así que pospuse el legrado al lunes para que nadie se enterara y el sábado me fui a su boda con la única idea en la cabeza de no dejar de sonreír. Decidí pintar mis labios de rojo para que todo el mundo me mirara la boca y nadie se detuviera mas tiempo del debido en ojos que no paraban de llorar aunque estuvieran secos. No quiero recrearme en la cantidad y calidad de las lagrimas que he derramando por cada una de las perdidas, sé que todos los que hayáis pasado por algo similar conocéis muy bien el sentimiento de impotencia, frustración y culpa que se da cuando un niño no llega a nacer, pero si me gustaría resaltar el dolor sordo que se ha instalado en mi alma con cada uno de los abortos. Necesito remarcar el dolor porque sin él no me habría dado cuenta del cambio revolucionario que se ha ido produciendo en mi persona a lo largo de este año. El dolor hay muchas manera de manejarlo. Yo lo he sentido inmenso, lo he asimilado y le he fabricado un cómodo lugar dentro de mi ser. No quiero que se vaya, es compañero de este viaje y se que sin él no encontraremos la isla donde esté mi tesoro.