viernes, 29 de noviembre de 2013

La temida Navidad...

... ya llegó.

Es una época mágica, la gente está más feliz y más solidaria. Hay personas que hacen cosas por los demás, que no harían en otra época del año. Es tiempo de reunirse con la familia y los amigos, y de celebrar, todo, cualquier cosa.

Antes de ser la capitana de un barco que busca tesoros, para mi la navidad era fiesta. Prácticamente a diario tenia un plan para salir. Comíamos fuera, brindábamos con champagne, y volaba el confeti en algún momento de la noche, sobre nuestras cabezas. Otros días, me sentaba al rededor de una mesa camilla, con mi familia y me ponían al día de las aventuras y desventuras de mis primos. Las risas eran las protagonistas. No había razones para no embriagarse del espíritu navideño. Se llenaban los días como por arte de magia, con comidas de trabajo y visitas a gente que el resto del año están un poquito más lejos. Y compras, muchas compras. Había que gastar lo ahorrado y no dejarse a nadie en el olvido.

Este año el mundo ha seguido girando, y aunque aun me cuesta creerlo, los meses han pasado y la navidad se empieza a mostrar en escaparates. Se viste muy similar a las anteriores, pero yo la miro con otros ojos. El color rojo y oro brillante de su traje, se ha transformado para mis vista daltónica por las lágrimas, en grises secos.

La gente aun no entiende que la de antes ya no está. La de ahora quiere estar sola, con mi pirata, con mi perra y mi gata, con mi chimenea y un libro. No quiero luces, no quiero gorritos, ni serpentinas, no quiero sentarme en esa mesa camilla, porque no tendré nada que pueda contar, lo que me pasa es silencio para los que me rodean. Y no tendré fuerzas para sonreír, porque me siguen ahogando mis penas.

La navidad  tiene un aroma a niños, a juguetes, a risas, a deseos, a sueños desvelados; la mía huele a pérdida, a brazos vacíos, a sueños rotos. En navidad, la gente recuerda a los que faltan, pero a ojos del mundo a mi no me falta nadie. Soy la madre huérfana de niños sin nombre, que no tiene derecho a duelo. En navidad haces resumen de tu año, y te llenas de nuevos propósitos para el siguiente. En mi navidad, no hay que recordar que pasó, lo llevo tatuado en la piel y lo único que puedo proponerme es seguir hacia delante.

No me apetecen disfraces, ni regalos. La que ahora ES sólo pide que la entiendan, que para mí, la navidad es añoranza,  y que tengo miedo. Miedo de seguir entrando en los baños a llorar, porque las lágrimas se me escapan en público. Miedo de que cuando vea la ropita de bebe de mi sobrino en algún paquete, no sea capaz de sonreír. Miedo a que cuando la gente que no veo hace un año me pregunten, no vean la fachada y se den cuenta de mis escombros.

Prefiero que la navidad pase sin mi. Que sigan los demás con las compras y los villancicos, yo tengo algo importante que hacer... sobrevivir a mi búsqueda.








lunes, 25 de noviembre de 2013

miércoles, 20 de noviembre de 2013

25 de Noviembre. Su no nacimiento.


Quedan 5 días para la fecha probable de su nacimiento. Siempre creí que a estas alturas mi pena estaría envuelta de esperanza, porque otra lentejita vendría de camino. Los lloraría, pero desde la perspectiva del pasado. Eso al menos, es lo que me decía la gente. El día de mi legrado quizás fue la frase que más escuché. Dentro de pocos meses volverás a quedarte, y seguro que la siguiente vez todo irá bien. Pero no ha sido así. Los siguientes también se han ido.

De mis gemelos son de los únicos que guardo fotos y fechas en el calendario. Les agradezco enormemente que se quedaran un poquito más conmigo y que me hicieran sentir más madre. Me hicieron el mejor de los regalos, poder velos y escuchar su corazón. Nadie nunca me ha regalado nada tan bello y nunca los olvidaré por toda la felicidad que me dieron durante 9 semanas, que para mí fue media vida.

Aunque aún me duele recordar, esta será su entrada.

Sólo hacía dos meses de mi último aborto. En esa ocasión lo habíamos publicado a bombo y platillo, ya habíamos tenido una pérdida antes, así que esa vez tenía que ir bien, porque... ¿quién sufre dos abortos consecutivos? yo no conocía a nadie, uno puede ser mala suerte, el segundo era improbable. Esta vez queríamos hacerlo diferente y no contarlo a nadie hasta estar seguros. Cuando me hice el test y salió positivo (antes de la fecha de la de rojo) ese escalofrío de miedo, que ya es tan conocido, me recorrió las tripas, así que en los días sucesivos me hice un test diario. Cada mañana rezaba porque esa raya rosa seguirá oscureciéndose y sí, así era, era increíble, ¡todo iba bien! A la semana de la falta dejé de hacerme test, mis síntomas era bestiales y yo estaba feliz, quizás más que nunca en mi vida. Esta vez saldría bien. Una mañana me levanté con bastantes molestias y decidimos acercarnos a urgencias, el día fue agridulce. Allí nos confirmaron la presencia de saco gestacional (¡¡Bien!! había saco), pero me dijeron que era demasiado grande para la semana que estaba, y no se veía embrión. Nos dijeron que ese tipo de embarazos no solía ser evolutivo y para casa. ¡¡Noo!! ¡¡Lloré, recé!! ¡NO! esta vez iba, tenía que ir bien!! Esperamos una semana más y fuimos a un ginecólogo privado. Durante esa semana había hecho reposo y me había cuidado mucho, siempre pendiente de la hora de mi progesterona, mi adiro y todo el sin fin de pastillas que tenía en la encimera de la cocina, y me pasaba el día luchando por tener pensamientos positivos, hablaba a mi barriguita diciéndole que creciera, que papa y mama esperábamos con mucho amor, aunque en el fondo de mi alma tenía tanto miedo que apenas me dejaba respirar. 
La hora en la sala de espera del ginecólogo fue la más larga de mi vida. Papa pirata intentaba hablarme de cosas pero yo le sonreía sin escucharle nada. Me retumbaba en los oídos el miedo a salir de esa sala llorando. Y llegó nuestro turno. Cuando subí al potro enseguida escuché: SI, AQUI ESTÁ. En ese momento, me rompí a llorar, eran lágrimas grandes, muy grandes, que me empaparon la cara y la ropa. Y unos segundos después,  el ginecólogo empezó a reírse. No entendía esa risa, ¿porqué se reía? Papá pirata y yo nos miramos, el silencio se hizo, hasta que el ginecólogo dijo: No sólo está bien, si no que ESTÁN BIEN. El mundo se paró, fueron los segundos más largos de mi vida, los más intensos y sin lugar a dudas los más hermosos. Sólo podía ver la cara de mi amor, llorando, mirando la pantalla, escuchando como el ginecólogo le explicaba dónde estaba el segundo. Y lloré, y lloré, y le di gracias al cielo, por haber sido tan bueno, y nada más importó, todo lo pasado, en el pasado quedaba. ¡Íbamos a ser papás de DOS niñ@s! Después escuchamos sus corazones, hermosa melodía armónica, dos corazones latiendo cada uno a su ritmo, y del fondo el mío, latiendo fuerte, feliz, el corazón de una madre que acababa de descubrir que sus hij@s latían victoriosos dentro de ella.
Después se hizo el silencio, empezó a buscar una membrana que los separara. Yo nunca había oído oír de tipos de gemelos. Sabía que existía los mellizos (provenientes de dos óvulos diferentes) y los gemelos (provenientes del mismo ovulo), pero resulta que dentro de los gemelos hay varios tipos. Y en el 99% de ellos existe una membrana de separación entre uno y otro. Comparten placenta, pero están en diferente bolsa amniótica. El ginecólogo no se la encontró. Nos dijo que no nos preocupáramos, que ni él, ni ninguno de sus colegas de mi ciudad, había visto nunca ese tipo de gemelos, era un embarazo de 50.000, era una posibilidad remota, y seguro que a la semana siguiente les encontraríamos la membrana, porque quizás era demasiado pronto. Preguntamos, todavía llenos de endorfinas, que qué pasaría si no encontraban la membrana, y la cara del ginecólogo se oscureció. Nos explicó que sería un embarazo muy complicado y que la gran mayoría de las veces no salía bien, ya que ese tipo de gemelos (monocoriales y monoamnióticos), lo compartían todo, incluso el alimento, y que normalmente uno se quedaba para atrás, porque un hermano era más fuerte. Y lo malo es que como compartían la misma bolsa si le pasaba algo malo a uno, normalmente el otro también moría.
Salimos de la sala, aun llorando de la felicidad...eso último que nos había contado no nos afectaba. Teníamos dos hij@s, estaban vivos, y todo iría bien. Lo días siguientes transcurrieron en una nube de algodón, flotaba por la casa, por el trabajo, yo y mis nauseas. Ahora entendía porque tenía tantos síntomas, y porque la bolsa era tan grande. Eran dos, el doble de todo. También el doble de felicidad. Empezamos a hacer planes, nuestra casa era muy pequeña, y el coche. Dios y que importaba, ¡seriamos una familia de 4 de repente! Era lo mejor que me podía pasar. A los pocos días empezaron los dolores. Era un dolor muy fuerte en el útero, que al rato se iba, empezaron por las noches. El ginecólogo me dijo que eran normales, que mi útero creía el doble de rápido y que eso dolía. Estaba hinchadísima, en un mes y medio había cogido 4 kilos y yo no comía más. Todo me daba igual, la verdad. Pero los dolores continuaban, cada vez más seguidos. Me sorprendían en el trabajo y me dejaban doblada durante minutos. Una noche fueron tan intensos que empecé a llorar, algo iba mal, lo sabía, lo sentía. Papá pirata y yo fuimos a urgencias. Después de la larga espera, llegó nuestro turno y en seguida nos empezamos a sentir mal por el trato. Le expliqué a la ginecóloga que tenía dolores y que llevaba gemelos y que tenía mucho miedo. No recuerdo las palabras exactas, pero la note a desganas, nos trató como paranoicos y me sentó en el potro rechistando. Allí arriba empecé a rezar de nuevo, sentí el aparato frío, y recé más alto. Dios mío por favor... No escuchaba nada, ellas no decían nada, murmuraban, la ginecóloga y una chica que estaría haciendo la residencia. Nada...silencio. De repente me dijo, levántate y vístete, se les ha parado el corazón... ¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOO!!!! ¡¡nooo!! ¡por dios! no me digas eso, ¿¿a los dos?? La ginecóloga no me miró en ningún momento y no dijo nada más. Y como pude me arrastré a la sala donde había dejado mis bragas. Allí la enfermera entro y me agarró la mano, y me dijo bajito, llora si quieres hija, lo dijo bajo, como con miedo que la escucharan consolándome. Mientras tanto le daban la noticia a papá pirata. Cuando lo vi, lloré y lloré... Escuche a la ginecóloga diciendo cosas... legrado... mañana... dejar pastillas... pero mi mundo se había parado, no tenía sentidos, sin darme cuenta seguía rezando, alto, muy alto. Necesitaba un milagro, la aparición de algún Santo en aquella habitación fría, no podía estar pasándome esto, otra vez. Escuché a papa pirata diciendo que al día siguiente no me podían hacer un legrado, se casaba mi hermano, ¡¡¡Dios!!! La boda de mi hermano, me hizo volver durante un instante al mundo real. Así que retrasaron el legrado al lunes, y nos fuimos, me fui con mis niños, a los que ya no les latía ese hermoso corazón. Llamé a mi madre, y lloramos... Sentí su pena tan grande como la mía, no había diferencia. De repente ella también recordó la boda de mi hermano…y yo intentaba calmarla, diciéndola que no se preocupara, que no se iba a enterar de nada, que lloraría esa noche y que al día siguiente todo estaría bien. Me acosté en la cama y los despedí entre lágrimas, me dolía la cabeza, la garganta, los ojos, las lágrimas salían como ácido y arrasaban con todo, pero no paraban. Y me quedé dormida, mojada, hundida, y un poco muerta.
Y el día siguiente llegó. Me arrastré al baño, estaba horrible, tenía los ojos hinchados. Me duche y volvieron a brotar las lágrimas, esta vez contenidas. Dejé de pensar en mí, hoy sólo importaba mi hermano, era su día. Me fui a la peluquería y me encontré con mi madre. No nos dijimos nada, si nos hubiéramos abrazado nos habríamos puesto a llorar, y faltaban dos horas para la boda. Me enfundé el vestido que me quedaba como una morcilla, tenía 5 kilos más que cuando lo compré. Y el día pasó. Me grapé la sonrisa a la boca, cada tanto entraba en el baño, lloraba, me limpiaba los ojos, me pintaba de nuevo y volvía a salir. Era la hermana del novio, la única hermana, porque mi cuñada es hija única y pasé desapercibida (gracias a dios), no salgo en ninguna foto, no me recuerdo en ningún momento. Era un espectro vestido de gala, con los labios rojos. Con suerte la gente pensó que estaba emocionada por mi hermanito, o quizás realmente nadie reparó en mí. Quien iba a darse cuenta de mis lágrimas transparentes.
Y llego el día del legrado. Hicimos la maleta y nos fuimos los dos. Le di instrucciones a mi madre de que quería estar sola, solo con mi marido. Pero cuando llegue al materno allí estaba mis suegros y mis padres. Nunca me habían ingresado por nada, pero no tenía miedo. Me acaba de pasar lo peor de mi vida, lo demás no importaba. Lo peor de ese día fue la desinformación, yo no sabía a qué me enfrentaba y qué era un legrado. Me citó la ginecóloga que me había dado la horrible noticia y me volvió a subir al potro para mirarme. Empecé de nuevo a rezar, pero por primera vez me di cuenta que nadie me escuchaba, que había perdido la fe. Le dije suplicante que si latían, que si se había confundido. Negó con la cabeza. Daba igual, mi mundo estaba a oscuras y ya no esperaba luz. Me metió tres pastillas en el útero, me dijo que eran para dilatar y que me fuera a la habitación a esperar. Esto serían las 10 de la mañana. Sobre las tres empezaron las contracciones. Yo no sabía lo que venía a continuación, nadie me había explicado nada. Me dolía mucho, me pusieron calmantes, pero no me hacían nada. Con forme transcurría el tiempo eran más fuertes, más seguidas. No podía estarme quieta, el cuerpo me pedía incorporarme, lloraba del dolor. Papa pirata estaba conmigo, estaba asustado, yo también. ¡Qué me pasaba! ¿Era normal tanto dolor? pedí, supliqué más calmantes, pero me dijeron que no podían darme nada más. Yo miraba el gotero y veía como aquel líquido transparente entraba en mi cuerpo, pero no me calmaba y me desesperaba. Y llegó a ser insoportable. Me incorporé, me puse de pie y me agarre a la cama y el cuerpo me pidió empujar, y empujé. El suelo de la habitación se tiñó de rosa, era sangre diluida en líquido, y empezó todo. Los perdí, los perdí en el baño, los oí caer. No lloré, no podía, no tenía lágrimas. Más tarde, he leído en el libro, Las voces olvidadas, que tuve un parto, y que después del dolor del parto el cuerpo secreta oxitocina, que hace que la madre se sienta muy bien, en el séptimo cielo. Quizás por eso no lloré, me sentía tranquila, relajada, ya apenas dolía, estaba... menos triste. Pero después de mi parto no tuve bebe al que abrazar.
Sobre las 7 de la tarde consideraron que ya estaba lista, me llevaron a quirófano. Fue rápido, y menos traumático que todo lo que había vivido. Enseguida sentí la sensación placentera de la anestesia y caí en un profundo sueño. Recuerdo cuando desperté a una enfermera agarrándome la mano y sonriéndome, me aferré al tacto de su piel como si fuera un familiar. Era lo más parecido al cariño, que había sentido en horas. Eran las 9 de la noche. Todo había ido bien. Papa pirata me esperaba y mis padres y mis suegros y los padres de mi cuñada. Todo había acabado, ya estaba sin ellos, empezaba otra lucha diferente... una más discreta y en soledad. Esa noche dormí bien. Papa pirata se acostó conmigo en la cama del hospital, poco nos importó que pudiera entrar alguien, o que seguía teniendo puesta la vía, o que continuaba sangrando una barbaridad. Se acostó conmigo y me abrazó, y caí rendida en un sueño del que no quería despertar.

Durante una semana más continuaron las náuseas, los pechos hinchados y todo lo demás. Me seguía levantando cada mañana empapada en sudor, con mis manos de madre huérfana en la barriga. Los echaba de menos tremendamente, me sentía tan sola. Durante esa semana pedí la baja y me dediqué a vagar por la casa. Esa semana está difusa, no veo colores, no tengo recuerdos. Sé que vino gente a verme, pero se encontraron con otra Lola. Dicen que todos tenemos una parte, dentro de nosotros, que no se puede describir y eso es lo que realmente somos. La parte que empezó a ser (la que no se puede nombrar), ocupó la mitad de lo que era, y lo cambió todo por dentro. Aunque por fuera, yo siguiera haciendo las cosas de siempre, con mis mismas rutinas, poniéndome la misma ropa, peinándome de la misma manera, lo de dentro había cambiado irremediablemente.

Y así los perdí, a ellos, y toda la magia, gratitud, ilusión y esperanza que se creó durante dos meses y poco.
He escuchado a mujeres que han sufrido abortos decir, que sus hijos ahora son estrellas, que las guían desde el cielo. Me gustaría creer que es así, y que por pequeños que fueran, que sepan que los quise una vida entera, por poco tiempo que se quedaran, cambiaron a su mama para siempre. Y que termine como termine este viaje, siempre serán mi luz en los días de niebla, y mi oscuridad cuando brille el sol.

Os quiero



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las Voces Olvidadas...Parte II (Fases del Duelo)

Me he sentido tan reflejada en cada una de las fases, que ahora entiendo mucho mejor el proceso por el que estoy pasando. El problema es que, al haber sido tan seguidas las pérdidas, alguna que otra fase se ha entremezclado con la siguiente, siendo algo más complicado reconocerlas. Os las detallo, por si a alguien le sirve y se reconoce. Cualquier tipo de duelo, pasa por la siguientes fases:

- Shock: Se da en los primeros instantes de la noticia. Te paralizas, tu mundo se detiene, todo empieza a circular a tu al rededor a cámara lenta. Tus sentidos se disipan, sólo sientes dolor en tus tripas, como si un alíen pululara en tu interior. En esos instantes, en ese día, nada más existe. Te centras en sobrevivir, en respirar. Te sorprendes a la mañana siguiente que el sol haya vuelto a salir, porque tu mundo sigue en tinieblas.

- Negación: Los días siguientes transcurren en un eterno deseo de despertar. No, no, no... esto no puede pasarme a mi, otra vez no. Deseas con todas tus fuerzas que haya sido una equivocación, que en cualquier momento suene el teléfono y te den la noticia contraria: sigue estando ahí, teníamos el ecografo estropeado. Después de mi legrado, pasé días creyendo que después de dormirme, los médicos se habían ido de cañas, que no me habían quitado a mis niños, seguían ahí, al menos yo aun los sentía. Esta fase es de las más dolorosas, aceptar la realidad puede llevar tiempo, y hay que ser muy fuerte para decirse a una misma con claridad, que todo terminó.

- Ira: Siempre necesitamos explicaciones y culpables. Algo tan horrible debe de ser achacado a alguien, no puede ser azar. ¿Por qué yo?, ¿ Por qué a ellos?, ¿ Quién conspira en mi contra?, ¿ Qué estoy haciendo mal?... En esta etapa me enfadé con Dios, con el Universo. No era justo. Sé que soy buena persona, nunca le hago mal a nadie, me esfuerzo por cuidar a los que me rodean, salvo la vida de todo ser en apuros que cae en mi radio de acción, cuido mi entorno, soy solidaria... ¿por qué yo? ¡Fulatina no hace tal cosa y yo si!. Pero las cosas no van así. Las degracias caen igual a los que luchan, que a los desidiosos; a los valientes, que a los cobardes. No sé si Dios aun me ha perdonado, pero más de una vez en este año y pico le he puesto de vuelta y media, al igual que a la ginecóloga me me trató en el legrado. Nunca he visto a alguien con tan poca humanidad, dando una noticia tan terrible. Igual que me enfadé con mi jefe, que días antes me echo la broca en el trabajo y me causó muchos estrés. Igual que me enfado cada día conmigo misma, porque no he sido capaz de que se quedaran conmigo.

- Negociación: De esta etapa no he sido consciente hasta que la leí en el libro, y ¡si! He negociado con Dios y el Universo. Le he prometido miles de cosas. Aun llevo una crucecita colgada del cuello, que me regaló papá pirata hace años, porque prometí a Dios en el cuarto embarazo no quitarmela jamás, si hacía que no perdiera a ese niño. Me da miedo quitarmela por si tarda en hacer "efecto", jajajaj...qué más le dará a Dios lo que yo lleve colgado del cuello. No me tacheis de loca, pero he negociado hasta con un curandero. Fui hace meses, después del 4º aborto a un sanador muy famoso de mi zona. Tenía que intentarlo. Me dijo que SI, que me veía con una barriga muy, muy gorda, que iba a ser madre de dos hijos (no sabía bien si venían juntos o separados), pero que no podia decirle a NADIE hasta el 4º mes que estaba embarazada. En el último embarazo lo hice, pero sólo duró mes y medio.

- Tristeza: Creo que aqui es donde me encuentro. Después de todo lo pasado, un viaje de año y pico que me resulta una vida, creo que he llegado a la tristeza serena. Sé lo que ha pasado y sé que no puedo hacer nada para volver atrás. Me da mucha pena lo que he dejado por el camino. He perdido mucha inocencia, mucha chispa, mucha Lola. Me da pena porque sé que nada volverá a ser lo que era. Me da pena esa chica que empezó este camino, con tanta energia y entrega, como se ha ido disipando y ahora tiene las rodillas empostilladas. 

- Aceptación: Llegará un momento en que lo asimile y ya no tenga más pesadillas por las noches. Llegará un momento en que la tristeza serena sea más serena, que tristeza. Llegará un momento en que vuelva a sentir los rayos del sol en mi cara y quizás me de cuenta de que la metamorfosis no ha sido tan mala.



lunes, 11 de noviembre de 2013

Las Voces olvidadas... Parte I.

He empezado a leer un libro que compré hace tiempo, pero lo tenía guardado esperando a sentirme algo más fuerte, porque sabía que removería lo que estoy tratando de asentar. Desde la primera página leo con lágrimas en los ojos, pero son lágrimas que desinfectan y curan.



Está escrito por un grupo de mujeres psicólogas que han pasado por pérdidas tempranas del embarazo, y han reunido sus vivencias y las de otras muchas mujeres (ya que son administradoras también del foro: Superando un aborto)

Este libro da voz, espacio y tiempo a los bebés que sólo vivieron en el vientre materno; a las madres, que muchas veces acallaron el duelo por el silencio social y cultural al que estas pérdidas han estado sometidas; y a los padres, que, aún hoy, casi nadie repara en ellos. Fases del duelo, problemas de fertilidad, pérdidas de repetición, manejo del aborto, pechos llenos y brazos vacíos, siguientes embarazos y partos... todo ello ha estado envuelto por el oscuro halo del miedo, la angustia, la soledad, la frustración, el aislamiento, la negación y la desinformación que viven la mujer y su pareja ante la pérdida gestacional temprana. Un asunto que la humanidad tiene pendiente desde el principio de los tiempos, porque... el dolor que se calla es más doloroso.


Me está dando más consciencia de mi dolor, de mi duelo... Intento mostrar a los que me rodean que no siento que he perdido a 6 hijos, porque la gente no lo ve así, y las explicaciones a veces son infructuosas y provoca más dolor añadido, sintiéndome incomprendida y sóla. Nuestros bebés eran demasiado pequeños para llorarlos, para amarlos más que nada en el mundo. Y yo reflexiono, cuando un padre pierde un hijo, ¿sufre menos si tenía un año que si tenía 10? ¿Verdad que todo el mundo entiende que el amor por un hijo es el mismo siempre, independientemente del tiempo vivido a su lado? Pero con el embarazo no ocurre igual. Si alguien pierde un hijo en el vientre con 7 meses, todo el mundo llora, si alguien lo pierde con 2 no tienes derecho al duelo. De hecho, lo mejor es callarlo, que nadie se entere que abortaste, es algo feo y sucio y lo mejor es que nadie lo sepa. Ese hijo nunca existió. 

¡Yo no quiero olvidarlos! Yo si quiero darles voz, y realmente creo que el poquito tiempo que se quedaron conmigo, me dejaron algo, me enseñaron una lección e hicieron de su mamá una mujer diferente de lo que era. Pero, cuando hablo con mi entorno de mis abortos enseguida me doy cuenta que es un tema que provoca incomodidad, es como si pensaran: Pero, ¡no me cuentes eso! Quedatelo para ti. Y es algo que no termino de entender... ¡¡he perdido a mi hijo!! Si, era un feto, media unos centímetros, pero hijo igualmente y yo tenia depositadas en él todas mis esperanzas, todas mis ilusiones y todo el amor que me cabe en el pecho. Cuando lo he perdido he sentido que se iba una parte de mi alma con él, una que nunca volverá. ¿Cómo me preguntas cómo estoy y te sorprendes al escuchar que hundida?


Si os dais cuenta nunca os he contado mi historia. Me presenté diciendo: Hola, soy la capitana de un barco que busca tesoros y he sufrido 5 abortos, uno de ellos de gemelos. Y ya está, como una alcohólica que va a terapia y con una frase resume todo su problema, porque está avergonzada de lo que le pasa y lo suelta rápido, le duelen las palabras en su boca, las vomita y después baja la mirada intentando no cruzarse con el resto de la sala. Yo igualmente, siento vergüenza, porque me siento menos valida, quizás, que otras mujeres, porque mi cuerpo rechaza lo que más amo en el mundo, porque no soy capaz de reponerme, cuando estoy a mitad de un duelo, empiezo otro, y se me acumulan los dolores. Y siento vergüenza porque en el fondo, también pienso lo que piensa el resto de la gente, qué algo habré hecho para que me esté pasando esto. Hasta mi padre sigue pensando que cuando me relaje (¿relaje?), dejaré de perderlos, en definitiva también piensa que soy yo la responsable de que se vayan.

No soy consciente de que siento todo esto hasta que leo en el libro: posiblemente te sientas asi, y me doy cuenta que ¡Si! Que me siento culpable, que me siento sola, que me siento pequeñita, porque los pierdo. Curiosamente, una de las etapas del duelo es la Ira (en la siguiente entrada hablaré de las etapas del duelo), y hay que encontrar culpables a la pérdida, en mi caso mi ira va contra mi misma.

Me queda mucho camino que recorrer, pero estoy buscando ayuda, en médicos, en libros, en la gente que me rodea, en el blog, en vosotras. Quizás no puedo sola, pero si encuentro sustento me repondré, me seguiré enfrentando a las tormentas que me queden. Soy consciente de mi maltrecho barco, lleno de remiendos, pero precisamente por eso sé que puedo seguir.

Yo no olvido sus voces, es verdad que nunca las escuché, pero las sentí y mis tripas aun recuerdan corazones latiendo. No quiero olvidarlos y por ellos sigo a delante.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Algún día...


Hoy me he hecho un autoregalo, un tesorito que ha llegado como una caricia de manos suaves.



Comienza:


Algún día... conté sus deditos y los besé uno por uno..


Es un precioso cuento, que habla del sentimiento de una madre... Ese que ya tenemos todas las que buscamos un hij@. Te transmite como una corriente electrica el amor y la pasión que se siente al tener a tu bebé en los brazos y al ver que tu hij@ crece, sin saltarse ninguna de las etapas de la vida, terminando siendo madre, en este caso, de otro bebé. Es un cuento sobre el ciclo de la existencia, para madres, hijas y abuelas; una poderosa oda al amor potencial y al potencial de la vida.

Termina:  




Algun día hij@, te leeré este cuento, ya no con lágrimas de añoranza, si no de gratitud.

martes, 5 de noviembre de 2013

Cuando tu abuela pierde la esperanza



Mi abuela es de esas señoras "pilares" de una familia. Es seria, ordenada, muy religiosa y cuadriculada. Todos la tenemos respeto, lo que dice mi abuela "va a misa". Ella vive fuera, así que nos llamamos a menudo por teléfono e intenta preguntarme por todo, no se le escapa una, os lo aseguro.
Hace algo más de un año, cuando aun me creían la diosa griega de la fertilidad, ella hablaba conmigo de la importancia de tener hijos, que si completaban la vida, que si la pareja sin ellos estaba coja... Ayer, en cambio, su discurso cambió. Al principio hablamos de nada (no se porqué las conversiones importantes siempre se dejan para el final), cuando las dos sabíamos que tenía que llegar el tema. Sé que a ella es a quien recurre toda la familia que están informados de mis abortos, para enterarse de como van las cosas, y ella como buena periodista familiar, no se le escapa ninguna pregunta que después satisfaga el ansia de saber de los que la escuchan.

-¿Cómo vais con lo vuestro?
- Bueno, ahí vamos...tenemos que probar la heparina, que nos aconsejó el ginecólogo para la próxima vez. Quizás funcione (con voz algo más animada).
- A ver, y si no funciona no pasa nada. Y se hizo el silencio.

En los primeros abortos, mi abuela me llamaba contándome, que no me preocupara, que llegaría, que cada día rezaba por nosotros, por nuestro hijo, el precioso rosario que le regalé de un viaje a Kenia. Esta vez me explicó que le había dejado de pedir eso. Que quizás Dios no quería, y que teníamos que aceptarlo. Que ahora le pedía que nos fuera bien el uno con el otro, que lo asumieramos y nos quisieramos (creo que tiene miedo que esto nos termine afectando como pareja).

Yo seguía callada, qué podía decir. Volvió a su razonamiento, diciéndome que ella conocía a alguna pareja (mi abuela dice matrimonio, claro) que no habían tenido hijos, y que habían sido muy felices (qué sabrá ella sobre la diferencia entre una sonrisa sincera y la máscara que nos ponemos todos los infertiles en público). Que mirara las cosas buenas que me había dado la vida y olvidara lo que Dios me había negado.

La palabra Dios en una conversación con mi abuela es un mantra. Dios quiere, Dios no quiere, ese ha sido su gran cambio.

Cuando colgué se me saltó una lágrima. ¿Mi abuela ha perdido la "esperanza"? No la culpo. Toda persona religiosa puede pensar que Dios no te quita algo tan maravilloso, tantas veces, por nada. Dios no es cruel, así que hay una razón para tanto dolor. Dios no quiere, tiene sentido.

No me permití pensarlo más tiempo. Yo no estoy de acuerdo. Es verdad que muchas veces me planteo si hay algo más que pura química jugando en mi contra y quien soy yo para ir en contra de mi destino infertil. Es verdad que durante mucho tiempo he rezado y he pedido al cielo (no me considero creyente, pero tampoco totalmente atea), y ya he dejado de hacerlo. Pero no, no es porque me haya rendido, aun pienso que esto es sólo un alto en el camino, y que quizás lo que quiera Dios, si existe, es sólo una lección de vida, o quizás simplemete esté jugando conmigo, poniendome a prueba, o quizás a Dios le importa un pimiento si yo soy madre o no.

Realmente, me da igual lo que quiera Dios. Sé lo que quiero yo y voy a seguir buscándolo, aunque todo el mundo a mi alrededor me aconseje que pare, que me de un tiempo. No quiero tiempos, quiero un hijo vivo y lo quiero YA. Quiero presumir de barriga y colgar en facebook fotos de mi sonrisa. Quiero llamar a mi abuela y decirle que lo conseguí, Quiero no sentirme derrotada e irme a pasear con papá pirata sintiéndome la Lola Gigante que un día fui. 

Tod@s tenemos derecho a esto...


 Y aunque mi abuela se rinda, a mi barco le quedan remos y a mi brazos.