¡Nunca lo imaginé así! Me veía embarazada yendo a clases de pilates y de cafés con mis amigas, pero este peque no me da tregua. Las nauseas siguen siendo la tónica del día, mi cuerpo parece que ya no fuera mio, es como si mis energías se centraran sólo en lo único, dejando ATP para poco más. Tengo migrañas a menudo, las comidas no me sientan bien, no duermo del tirón como antes. Me sangra la nariz a diario (producto de la heparina, quizás) y mi sistema inmune está por los suelos, porque ya llevo dos infecciones de orina y un resfriado...pero me siento poderosa.
Mi piel no está preciosa, como prodigan las revistas de embarazo y si alguien me dice que me ve más guapa sé que miente. Claramente no es mi mejor momento físico y aun sólo tengo una pequeña barriga que ya empieza a llamar la atención, aunque la gente se pregunta seguro, si es que he cogido unos kilos. Pero me siento invencible.
A penas salgo de casa, yo, culo inquieto de nacimiento. Rehuso casi, cada invitación, aunque el plan sea apetecible, porque directamente mi cuerpo solo me pide sofá. Mi vida social se ha reducido a la mínima expresión. En el trabajo no rindo, las tareas de casa son secundarias, mi vida sexual ha ido a menos y no voy a hablar de temas escatológicos... Pero me siento una Diosa del Olimpo, pocha y fea, pero tremendamente feliz.
Ahora soy la capitana de un barco que se acerca a su tesoro, lo veo desde lejos y alargo mis manos para tocarlo, aunque aun no lo rozo. Mis piernas tiemblan, mitad por la emoción, mitad porque el cansancio del viaje empieza a hacer mella, pero ahora no es tiempo de detenerse a descansar. El viento me ha curtido la piel, que parece que ya no es tan suave, y el salitre hace que mi pelo luzca sin brillo, pero mi corazón bombea paz...
Así es, las revistas no hablan de que una mujer embarazada muchas veces tiene que paralizar su vida, porque no puede con su cuerpo, y que menos divina de la muerte se siente de cualquier manera, que ir de tiendas premamas importa poco, que los kilos se vuelven secundarios mientras que consigas mantener el alimento en el estómago, que evitas ir a la peluquería durante meses porque crees que durante la sesión de belleza tendrás que salir corriendo al baño y que lo más activa que consigues mantenerte es el día que puedes ir a dar un corto paseo. Pero menos aun hablan, de lo poquísimo que importa todo esto cuando llevas en tu vientre todo lo que has soñado.
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