martes, 31 de diciembre de 2013

El fin...el comienzo.

Estoy pero no estoy. Me cuesta escribir y centrarme en una sola idea, quizás porque mi cabeza está bañada por muchas, que se disipan como el humo, y al final solo queda lo mismo... esa vida que aun sigue creciendo dentro de mi.
Ha sido un año que quedará para siempre marcado a fuego en el calendario de mi existencia, como ningún otro, pero no voy a hacer resumen de él, mas que nada porque antes de plasmar cada recuerdo, resuena en mi cabeza su corazón y todo se deshace.
Esta minúscula vida esta consiguiendo lo imposible, y no se como lo hace. Estoy tranquila, no tengo pesadillas, no necesito mirarme en el espejo para autoconvencerme que todo ira bien. Quizás sea porque el resto de  mis estrellas han venido a fundirse con él o ella y se ha vuelto mas fuerte, y desde mis entrañas me da paz. Pero no me reconozco, estoy tranquila. 
Los días siguen pasando a cámara lenta, diría que alguno lo he vivido dos veces, quizás 5, así que en medio de tanta quietud he decidido dedicarme a escuchar, el silencio a veces, y otras escucho sensaciones, si, sensaciones que se escuchan, porque además de mas olfato ahora tengo esa capacidad. Es como si mi barco, después de la tempestad, hubiera tocado tierra, y de repente ya no hay olas, mi pelo no ondea al viento...todo esta en calma, demasiado. Así que me he recostado en popa y he dejado la mente en blanco. Aun no puedo creerlo.

¿En serio es navidad? No escucho villancicos, si me concentro vuelvo a escuchar su corazón. Ya se lo que me pasa. Estoy enamorada. Y que peligro enamorarte de alguien que no has tocado, y que ni siquiera sabes si algún día podrás besar. No importa, así es el amor. Vuelvo a cerrar los ojos y me dejo llevar. Al carajo las probabilidades. Al carajo el posible precio. El amor es lo que tiene.







Deseo, de todo corazón, que este año este lleno de bebes. Lo conseguiremos, preciosas. Feliz año a todas.

martes, 17 de diciembre de 2013

Test, beta, beta, test...

Posiblemente a los ojos de much@s ahora mismo sea una loca compulsiva, y si pudieran verme por una mirilla en mi cuarto de baño me pedirían cita urgente para el loquero, pero siempre digo que cómo me gustaría que más de un@ hubiera andado con mis zapatos.
Si, estoy completamente loca y desquiciada. Y no me sorprendo en absoluto, sabía que cuando llegara el momento, reaccionaría tal y como lo estoy haciendo. Yo y papá pirata le encontramos sentido a todas nuestras acciones, a nuestros rezos, a nuestra búsqueda de señales, pero desde fuera todo debe parecer un disparate.

Llevo casi una semana sumergida en el mundo de las tonalidades rosas. Durante muchos días mi ojos han escudriñado cada pixel de las rayas, al no encontrar muchos cambios, decidía despejarme, pero al rato volvía cerca de ellas y las volvía a mirar. Es lo más real que siempre me queda de mis embarazos, esas tiras que cualquier día las pongo nombre y les hago vestiditos.

En la clínica de reproducción me dicen que todo va bien, que según los valores de Beta, mi embarazo progresa adecuadamente. Durante unos segundos me calmo, y vuelve a entrar el aire en mis pulmones, pero a las horas vuelven los fantasmas. Y cómo no tenerlos, si en cinco ocasiones todo se paró sin avisar.

Busco las 7 diferencias con los anteriores, por que ESTE va a NACER y encuentro más similitudes que diferencias, quizás sean diferencias silenciosas, me repito, porque ESTE va a NACER.

La suerte está echada, señores y señoras. Puedo hacer poco más de lo que hago, seguir tomándome las 5 pastillas diarias, pinchándome mi maravillosa heparina, dormirme cada noche visualizando una cuna al lado de mi cama, estar pendiente de las peticiones de mi cuerpo (que dicen que es muy sabio) e intentar no morir de un ataque de ansiedad.

Cosas que me están ayudando:

- De nuevo, leer. Ha llegado a mis manos "El Alquimista" como por arte de magia, y me está resultando terapéutico.
- Conversar con papá pirata, él está tannnnn convencido esta vez. Lo tiene tannn claro, que acaba transmitiéndome algo de su seguridad.
- Vosotras, que os agradezco en el alma vuestros ánimos y vuestras toneladas de energía. Mi querida Netzi, que por whatsapp me aguanta lo inaguantable.
- El trabajo. ¡¡Increible!! por primera vez agradezco venir a trabajar y distraerme, aunque sólo lo consiga pequeños lapsos de tiempo.
- La clínica de reproducción. Tengo que admitir que me siento más protegida de lo que me sentí en los anteriores embarazos.
- Pincharme la Heparina. Quizás no sirva absolutamente para nada, pero cada vez que ese escozor me recorre la barriga pienso que es una pócima mágica y ahuyenta mis fantasmas.
- Autoconvencerme que esto no me puede pasar eternamente, que alguna vez será la buena. Que después de la tormenta siempre sale el sol, tarde o temprano.

Quizás estas sean las 7 diferencias que busco, quizás esta cruz en el mapa sea la de mi tesoro, quizás estemos más cerca de conseguirlo de lo que a veces creemos... QUIZÁS...


viernes, 13 de diciembre de 2013

Querido destino...

Reconozco que llevo días con miedo a escribir, con miedo a nombrarte, por si tienes planeadas cosas para mi que no me gustan y al percatarte de que te nombro, te giras y me miras.
Hace un par de días que volví a ver esas dos rayas rosas que anuncian cambios. Desde entonces vivo en el limbo del miedo. Es un lugar que no me gusta e intento salir a diario, pero no hay puertas. Los días pasan más lentos, las horas se arrastran cansadas y parece que el tiempo es denso y pesado. Estoy segura que estos dos días han tenido más horas, tanto en la noche como en el día. Y aquí me encuentro, vagando de puntillas en mi barco, creyendo ver tormentas en la lejanía y a ratos rayos de sol.
He visitado varios hombres y mujeres con batas, y siempre es lo mismo. Me entran ganas de abrazarme a su cuello y pedir ayuda, pero sé que apartarían mis brazos y me repetirían la maravillosa frase de que estamos en tus manos, no en las de ellos.

Nuestra nueva arma de lucha (Heparina) nos da esperanzas y los dos tenemos los dientes apretados. Reconozco que nunca pensé que lucharía tan fuerte por algo, al lado de alguien, espalda contra espalda, y si tuviera que encontrar un éxito en nuestra historia de pérdidas, sería, sin lugar a duda, éste. Sólo por Papa pirata me he atrevido a escribirte y a pedirte una tregua. Estoy dispuesta a entregar lo que me pidas a cambio (sabes que ya he dejado mucho por el camino) sin pensarlo. 

Sólo queremos que le dejes quedarse, que le dejes crecer.





lunes, 2 de diciembre de 2013

Tesorito del día...

Os subo un vídeo de los que te hacen llorar de ternura, de felicidad.



Algún día, recordarlo, besaremos sus deditos, como esta madre hace al final del vídeo, con el mismo sentimiento de victoria.

Le mando besos especiales a Netzi y Valeska que lleváis esperanza y lucha en vuestro vientre, que tenéis un hij@ hecho de sueños y lágrimas, y vuestro ombligo es el de una madre que sabe lo que es la derrota y la pérdida, pero aun así no os rendisteis. Ahora sois luz para muchas, sois luz para mi.

viernes, 29 de noviembre de 2013

La temida Navidad...

... ya llegó.

Es una época mágica, la gente está más feliz y más solidaria. Hay personas que hacen cosas por los demás, que no harían en otra época del año. Es tiempo de reunirse con la familia y los amigos, y de celebrar, todo, cualquier cosa.

Antes de ser la capitana de un barco que busca tesoros, para mi la navidad era fiesta. Prácticamente a diario tenia un plan para salir. Comíamos fuera, brindábamos con champagne, y volaba el confeti en algún momento de la noche, sobre nuestras cabezas. Otros días, me sentaba al rededor de una mesa camilla, con mi familia y me ponían al día de las aventuras y desventuras de mis primos. Las risas eran las protagonistas. No había razones para no embriagarse del espíritu navideño. Se llenaban los días como por arte de magia, con comidas de trabajo y visitas a gente que el resto del año están un poquito más lejos. Y compras, muchas compras. Había que gastar lo ahorrado y no dejarse a nadie en el olvido.

Este año el mundo ha seguido girando, y aunque aun me cuesta creerlo, los meses han pasado y la navidad se empieza a mostrar en escaparates. Se viste muy similar a las anteriores, pero yo la miro con otros ojos. El color rojo y oro brillante de su traje, se ha transformado para mis vista daltónica por las lágrimas, en grises secos.

La gente aun no entiende que la de antes ya no está. La de ahora quiere estar sola, con mi pirata, con mi perra y mi gata, con mi chimenea y un libro. No quiero luces, no quiero gorritos, ni serpentinas, no quiero sentarme en esa mesa camilla, porque no tendré nada que pueda contar, lo que me pasa es silencio para los que me rodean. Y no tendré fuerzas para sonreír, porque me siguen ahogando mis penas.

La navidad  tiene un aroma a niños, a juguetes, a risas, a deseos, a sueños desvelados; la mía huele a pérdida, a brazos vacíos, a sueños rotos. En navidad, la gente recuerda a los que faltan, pero a ojos del mundo a mi no me falta nadie. Soy la madre huérfana de niños sin nombre, que no tiene derecho a duelo. En navidad haces resumen de tu año, y te llenas de nuevos propósitos para el siguiente. En mi navidad, no hay que recordar que pasó, lo llevo tatuado en la piel y lo único que puedo proponerme es seguir hacia delante.

No me apetecen disfraces, ni regalos. La que ahora ES sólo pide que la entiendan, que para mí, la navidad es añoranza,  y que tengo miedo. Miedo de seguir entrando en los baños a llorar, porque las lágrimas se me escapan en público. Miedo de que cuando vea la ropita de bebe de mi sobrino en algún paquete, no sea capaz de sonreír. Miedo a que cuando la gente que no veo hace un año me pregunten, no vean la fachada y se den cuenta de mis escombros.

Prefiero que la navidad pase sin mi. Que sigan los demás con las compras y los villancicos, yo tengo algo importante que hacer... sobrevivir a mi búsqueda.








lunes, 25 de noviembre de 2013

Tenía tanto que daros...



Prometo encender un tu día especial una vela, y soplarla por ti... prometo no olvidarlo nunca.







miércoles, 20 de noviembre de 2013

25 de Noviembre. Su no nacimiento.


Quedan 5 días para la fecha probable de su nacimiento. Siempre creí que a estas alturas mi pena estaría envuelta de esperanza, porque otra lentejita vendría de camino. Los lloraría, pero desde la perspectiva del pasado. Eso al menos, es lo que me decía la gente. El día de mi legrado quizás fue la frase que más escuché. Dentro de pocos meses volverás a quedarte, y seguro que la siguiente vez todo irá bien. Pero no ha sido así. Los siguientes también se han ido.

De mis gemelos son de los únicos que guardo fotos y fechas en el calendario. Les agradezco enormemente que se quedaran un poquito más conmigo y que me hicieran sentir más madre. Me hicieron el mejor de los regalos, poder velos y escuchar su corazón. Nadie nunca me ha regalado nada tan bello y nunca los olvidaré por toda la felicidad que me dieron durante 9 semanas, que para mí fue media vida.

Aunque aún me duele recordar, esta será su entrada.

Sólo hacía dos meses de mi último aborto. En esa ocasión lo habíamos publicado a bombo y platillo, ya habíamos tenido una pérdida antes, así que esa vez tenía que ir bien, porque... ¿quién sufre dos abortos consecutivos? yo no conocía a nadie, uno puede ser mala suerte, el segundo era improbable. Esta vez queríamos hacerlo diferente y no contarlo a nadie hasta estar seguros. Cuando me hice el test y salió positivo (antes de la fecha de la de rojo) ese escalofrío de miedo, que ya es tan conocido, me recorrió las tripas, así que en los días sucesivos me hice un test diario. Cada mañana rezaba porque esa raya rosa seguirá oscureciéndose y sí, así era, era increíble, ¡todo iba bien! A la semana de la falta dejé de hacerme test, mis síntomas era bestiales y yo estaba feliz, quizás más que nunca en mi vida. Esta vez saldría bien. Una mañana me levanté con bastantes molestias y decidimos acercarnos a urgencias, el día fue agridulce. Allí nos confirmaron la presencia de saco gestacional (¡¡Bien!! había saco), pero me dijeron que era demasiado grande para la semana que estaba, y no se veía embrión. Nos dijeron que ese tipo de embarazos no solía ser evolutivo y para casa. ¡¡Noo!! ¡¡Lloré, recé!! ¡NO! esta vez iba, tenía que ir bien!! Esperamos una semana más y fuimos a un ginecólogo privado. Durante esa semana había hecho reposo y me había cuidado mucho, siempre pendiente de la hora de mi progesterona, mi adiro y todo el sin fin de pastillas que tenía en la encimera de la cocina, y me pasaba el día luchando por tener pensamientos positivos, hablaba a mi barriguita diciéndole que creciera, que papa y mama esperábamos con mucho amor, aunque en el fondo de mi alma tenía tanto miedo que apenas me dejaba respirar. 
La hora en la sala de espera del ginecólogo fue la más larga de mi vida. Papa pirata intentaba hablarme de cosas pero yo le sonreía sin escucharle nada. Me retumbaba en los oídos el miedo a salir de esa sala llorando. Y llegó nuestro turno. Cuando subí al potro enseguida escuché: SI, AQUI ESTÁ. En ese momento, me rompí a llorar, eran lágrimas grandes, muy grandes, que me empaparon la cara y la ropa. Y unos segundos después,  el ginecólogo empezó a reírse. No entendía esa risa, ¿porqué se reía? Papá pirata y yo nos miramos, el silencio se hizo, hasta que el ginecólogo dijo: No sólo está bien, si no que ESTÁN BIEN. El mundo se paró, fueron los segundos más largos de mi vida, los más intensos y sin lugar a dudas los más hermosos. Sólo podía ver la cara de mi amor, llorando, mirando la pantalla, escuchando como el ginecólogo le explicaba dónde estaba el segundo. Y lloré, y lloré, y le di gracias al cielo, por haber sido tan bueno, y nada más importó, todo lo pasado, en el pasado quedaba. ¡Íbamos a ser papás de DOS niñ@s! Después escuchamos sus corazones, hermosa melodía armónica, dos corazones latiendo cada uno a su ritmo, y del fondo el mío, latiendo fuerte, feliz, el corazón de una madre que acababa de descubrir que sus hij@s latían victoriosos dentro de ella.
Después se hizo el silencio, empezó a buscar una membrana que los separara. Yo nunca había oído oír de tipos de gemelos. Sabía que existía los mellizos (provenientes de dos óvulos diferentes) y los gemelos (provenientes del mismo ovulo), pero resulta que dentro de los gemelos hay varios tipos. Y en el 99% de ellos existe una membrana de separación entre uno y otro. Comparten placenta, pero están en diferente bolsa amniótica. El ginecólogo no se la encontró. Nos dijo que no nos preocupáramos, que ni él, ni ninguno de sus colegas de mi ciudad, había visto nunca ese tipo de gemelos, era un embarazo de 50.000, era una posibilidad remota, y seguro que a la semana siguiente les encontraríamos la membrana, porque quizás era demasiado pronto. Preguntamos, todavía llenos de endorfinas, que qué pasaría si no encontraban la membrana, y la cara del ginecólogo se oscureció. Nos explicó que sería un embarazo muy complicado y que la gran mayoría de las veces no salía bien, ya que ese tipo de gemelos (monocoriales y monoamnióticos), lo compartían todo, incluso el alimento, y que normalmente uno se quedaba para atrás, porque un hermano era más fuerte. Y lo malo es que como compartían la misma bolsa si le pasaba algo malo a uno, normalmente el otro también moría.
Salimos de la sala, aun llorando de la felicidad...eso último que nos había contado no nos afectaba. Teníamos dos hij@s, estaban vivos, y todo iría bien. Lo días siguientes transcurrieron en una nube de algodón, flotaba por la casa, por el trabajo, yo y mis nauseas. Ahora entendía porque tenía tantos síntomas, y porque la bolsa era tan grande. Eran dos, el doble de todo. También el doble de felicidad. Empezamos a hacer planes, nuestra casa era muy pequeña, y el coche. Dios y que importaba, ¡seriamos una familia de 4 de repente! Era lo mejor que me podía pasar. A los pocos días empezaron los dolores. Era un dolor muy fuerte en el útero, que al rato se iba, empezaron por las noches. El ginecólogo me dijo que eran normales, que mi útero creía el doble de rápido y que eso dolía. Estaba hinchadísima, en un mes y medio había cogido 4 kilos y yo no comía más. Todo me daba igual, la verdad. Pero los dolores continuaban, cada vez más seguidos. Me sorprendían en el trabajo y me dejaban doblada durante minutos. Una noche fueron tan intensos que empecé a llorar, algo iba mal, lo sabía, lo sentía. Papá pirata y yo fuimos a urgencias. Después de la larga espera, llegó nuestro turno y en seguida nos empezamos a sentir mal por el trato. Le expliqué a la ginecóloga que tenía dolores y que llevaba gemelos y que tenía mucho miedo. No recuerdo las palabras exactas, pero la note a desganas, nos trató como paranoicos y me sentó en el potro rechistando. Allí arriba empecé a rezar de nuevo, sentí el aparato frío, y recé más alto. Dios mío por favor... No escuchaba nada, ellas no decían nada, murmuraban, la ginecóloga y una chica que estaría haciendo la residencia. Nada...silencio. De repente me dijo, levántate y vístete, se les ha parado el corazón... ¡¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOO!!!! ¡¡nooo!! ¡por dios! no me digas eso, ¿¿a los dos?? La ginecóloga no me miró en ningún momento y no dijo nada más. Y como pude me arrastré a la sala donde había dejado mis bragas. Allí la enfermera entro y me agarró la mano, y me dijo bajito, llora si quieres hija, lo dijo bajo, como con miedo que la escucharan consolándome. Mientras tanto le daban la noticia a papá pirata. Cuando lo vi, lloré y lloré... Escuche a la ginecóloga diciendo cosas... legrado... mañana... dejar pastillas... pero mi mundo se había parado, no tenía sentidos, sin darme cuenta seguía rezando, alto, muy alto. Necesitaba un milagro, la aparición de algún Santo en aquella habitación fría, no podía estar pasándome esto, otra vez. Escuché a papa pirata diciendo que al día siguiente no me podían hacer un legrado, se casaba mi hermano, ¡¡¡Dios!!! La boda de mi hermano, me hizo volver durante un instante al mundo real. Así que retrasaron el legrado al lunes, y nos fuimos, me fui con mis niños, a los que ya no les latía ese hermoso corazón. Llamé a mi madre, y lloramos... Sentí su pena tan grande como la mía, no había diferencia. De repente ella también recordó la boda de mi hermano…y yo intentaba calmarla, diciéndola que no se preocupara, que no se iba a enterar de nada, que lloraría esa noche y que al día siguiente todo estaría bien. Me acosté en la cama y los despedí entre lágrimas, me dolía la cabeza, la garganta, los ojos, las lágrimas salían como ácido y arrasaban con todo, pero no paraban. Y me quedé dormida, mojada, hundida, y un poco muerta.
Y el día siguiente llegó. Me arrastré al baño, estaba horrible, tenía los ojos hinchados. Me duche y volvieron a brotar las lágrimas, esta vez contenidas. Dejé de pensar en mí, hoy sólo importaba mi hermano, era su día. Me fui a la peluquería y me encontré con mi madre. No nos dijimos nada, si nos hubiéramos abrazado nos habríamos puesto a llorar, y faltaban dos horas para la boda. Me enfundé el vestido que me quedaba como una morcilla, tenía 5 kilos más que cuando lo compré. Y el día pasó. Me grapé la sonrisa a la boca, cada tanto entraba en el baño, lloraba, me limpiaba los ojos, me pintaba de nuevo y volvía a salir. Era la hermana del novio, la única hermana, porque mi cuñada es hija única y pasé desapercibida (gracias a dios), no salgo en ninguna foto, no me recuerdo en ningún momento. Era un espectro vestido de gala, con los labios rojos. Con suerte la gente pensó que estaba emocionada por mi hermanito, o quizás realmente nadie reparó en mí. Quien iba a darse cuenta de mis lágrimas transparentes.
Y llego el día del legrado. Hicimos la maleta y nos fuimos los dos. Le di instrucciones a mi madre de que quería estar sola, solo con mi marido. Pero cuando llegue al materno allí estaba mis suegros y mis padres. Nunca me habían ingresado por nada, pero no tenía miedo. Me acaba de pasar lo peor de mi vida, lo demás no importaba. Lo peor de ese día fue la desinformación, yo no sabía a qué me enfrentaba y qué era un legrado. Me citó la ginecóloga que me había dado la horrible noticia y me volvió a subir al potro para mirarme. Empecé de nuevo a rezar, pero por primera vez me di cuenta que nadie me escuchaba, que había perdido la fe. Le dije suplicante que si latían, que si se había confundido. Negó con la cabeza. Daba igual, mi mundo estaba a oscuras y ya no esperaba luz. Me metió tres pastillas en el útero, me dijo que eran para dilatar y que me fuera a la habitación a esperar. Esto serían las 10 de la mañana. Sobre las tres empezaron las contracciones. Yo no sabía lo que venía a continuación, nadie me había explicado nada. Me dolía mucho, me pusieron calmantes, pero no me hacían nada. Con forme transcurría el tiempo eran más fuertes, más seguidas. No podía estarme quieta, el cuerpo me pedía incorporarme, lloraba del dolor. Papa pirata estaba conmigo, estaba asustado, yo también. ¡Qué me pasaba! ¿Era normal tanto dolor? pedí, supliqué más calmantes, pero me dijeron que no podían darme nada más. Yo miraba el gotero y veía como aquel líquido transparente entraba en mi cuerpo, pero no me calmaba y me desesperaba. Y llegó a ser insoportable. Me incorporé, me puse de pie y me agarre a la cama y el cuerpo me pidió empujar, y empujé. El suelo de la habitación se tiñó de rosa, era sangre diluida en líquido, y empezó todo. Los perdí, los perdí en el baño, los oí caer. No lloré, no podía, no tenía lágrimas. Más tarde, he leído en el libro, Las voces olvidadas, que tuve un parto, y que después del dolor del parto el cuerpo secreta oxitocina, que hace que la madre se sienta muy bien, en el séptimo cielo. Quizás por eso no lloré, me sentía tranquila, relajada, ya apenas dolía, estaba... menos triste. Pero después de mi parto no tuve bebe al que abrazar.
Sobre las 7 de la tarde consideraron que ya estaba lista, me llevaron a quirófano. Fue rápido, y menos traumático que todo lo que había vivido. Enseguida sentí la sensación placentera de la anestesia y caí en un profundo sueño. Recuerdo cuando desperté a una enfermera agarrándome la mano y sonriéndome, me aferré al tacto de su piel como si fuera un familiar. Era lo más parecido al cariño, que había sentido en horas. Eran las 9 de la noche. Todo había ido bien. Papa pirata me esperaba y mis padres y mis suegros y los padres de mi cuñada. Todo había acabado, ya estaba sin ellos, empezaba otra lucha diferente... una más discreta y en soledad. Esa noche dormí bien. Papa pirata se acostó conmigo en la cama del hospital, poco nos importó que pudiera entrar alguien, o que seguía teniendo puesta la vía, o que continuaba sangrando una barbaridad. Se acostó conmigo y me abrazó, y caí rendida en un sueño del que no quería despertar.

Durante una semana más continuaron las náuseas, los pechos hinchados y todo lo demás. Me seguía levantando cada mañana empapada en sudor, con mis manos de madre huérfana en la barriga. Los echaba de menos tremendamente, me sentía tan sola. Durante esa semana pedí la baja y me dediqué a vagar por la casa. Esa semana está difusa, no veo colores, no tengo recuerdos. Sé que vino gente a verme, pero se encontraron con otra Lola. Dicen que todos tenemos una parte, dentro de nosotros, que no se puede describir y eso es lo que realmente somos. La parte que empezó a ser (la que no se puede nombrar), ocupó la mitad de lo que era, y lo cambió todo por dentro. Aunque por fuera, yo siguiera haciendo las cosas de siempre, con mis mismas rutinas, poniéndome la misma ropa, peinándome de la misma manera, lo de dentro había cambiado irremediablemente.

Y así los perdí, a ellos, y toda la magia, gratitud, ilusión y esperanza que se creó durante dos meses y poco.
He escuchado a mujeres que han sufrido abortos decir, que sus hijos ahora son estrellas, que las guían desde el cielo. Me gustaría creer que es así, y que por pequeños que fueran, que sepan que los quise una vida entera, por poco tiempo que se quedaran, cambiaron a su mama para siempre. Y que termine como termine este viaje, siempre serán mi luz en los días de niebla, y mi oscuridad cuando brille el sol.

Os quiero